Rêves de Papier et Cauchemars d'Acier.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Carpe Diem.


Los años pasan inexpugnablemente por todos y cada uno de nosotros, sin remedio. No hay que temerlos ni huir de ellos, sino afrontarlos con orgullo y sabiduría. Cada año que paso contigo me sabe solo a unos minutos. Me gustaría vivir eternamente, respirar tu aire y sentir tu pulso y tu corazón mil siglos más. 

Pero sé que es imposible, por eso solo deseo disfrutar mi perecedera vida junto a ti.

No hay regalo que pueda solventar mi deuda eterna contigo, aunque viviera mil años. Solo puedo ofrecerte mi corazón, tómalo y guárdalo para siempre.

Muere remisamente quien no viaja, quien destruye su amor propio. Muere remisamente quien se transforma en esclavo del hábito, quien evita su remolino de emociones. Muere remisamente quien no se permite, ni siquiera una vez en su vida, huir de los consejos sensatos…

¡Vive hoy!

¡Hazlo hoy!

¡NO TE IMPIDAS SER FELIZ!

sábado, 7 de septiembre de 2013

Tormentas.


Tras largos días de incesante calor, bochornosos, agotadores. La naturaleza decide que es hora de descansar. De calmarnos y respirar.

Observemos a nuestro alrededor… ¿qué estamos haciendo? ¿Quiénes somos?

Sumidos en nuestra rutina, encerrados en nuestros coches maldiciendo al tiempo, que ha decidido estropearse justo ahora que tenemos vacaciones. ¿Por qué no podemos ser cómo la lluvia? Fluir lentamente, dejando un leve rastro que luego el sol se encargará de disipar.

Tener el valor, la osadía y la confianza suficiente en nosotros mismos como para abandonar nuestro puesto de trabajo unos instantes para poder disfrutar de la hermosa vista de una Barcelona húmeda. Abrir la puerta del coche en medio del cotidiano atasco madrileño y visitar El Retiro en todo su esplendor.
O simplemente  caminar bajo la lluvia por la exótica Sevilla con esa persona que te anula por completo con su toque.

Míseros instantes que nos alegran el día, que nos cambian la  vida.

La lluvia puede traer felicidad consigo, amor, amistad… cosas bellas que todos deberíamos saborear en esta vida. Sin embargo, para mí no.

Quizás porque la oscuridad me nubla la mirada cuando veo que la Naturaleza sabe cómo me siento. Cuando las gotas caen sobre mí, y me permiten llorar sin ser avistada… me siento viva. Viva de verdad, como llevaba tanto tiempo sin sentirme. Completa cuando el olor a tierra mojada penetra mis pulmones, menos sola al sentir las caricias del cielo en mi cuerpo.

Ojalá tuviese alas para poder echar a volar junto al frío viento de las tormentas. Ojalá la vida fuese una simple tormenta veraniega. De esas que comienzan débiles, pero van incrementándose con el tiempo. Se hacen fuertes, potentes, destructivas… empero con el transcurso de los minutos se vuelven débiles, lentas, beneficiosas… y la calma vuelve a reinar, para siempre.

Las tormentas sirven para recordarme que estoy rota, que por mucho que desee avanzar no podré, que mis miedos están ahí y no tienen intención alguna de irse ni de dejarme marchar. Aunque haya sol, ellas siempre volverán para devolverme al pasado, para que mis demonios me abracen por la noche en la cama, en la que tú deberías estar abrazándome, protegiéndome de ellos.

Las tormentas me devuelven a la realidad, al pasado que intento olvidar, son las únicas capaces de hacerme sentir viva, ni las sonrisas ni los besos causan el mismo efecto sobre mí. Ni creo que lo hagan.

Lo que más daño me hace es lo que más viva me hace sentir, lo que más deseo. Porque si me preguntas siempre diré que adoro la lluvia, y me mirarás de una manera extraña, asimilando lo confusa que resulto, pero nunca sabrás que tras esa sonrisa mientras dejo que esas palabras fluyan en tu persona, se esconde una chica que se derrumba en su cama nada más oír los primeros relámpagos caer, que ahoga sus gritos sobre la almohada durante la tempestad. Abriendo sus heridas, sufriendo en silencio, adorando el dolor.


viernes, 6 de septiembre de 2013

Mar.

El sol penetra las murallas de mi piel, adentrándose poco a poco en mi interior hasta llegar a mi corazón. Respiro la brisa marina, trae con ella todas las lágrimas derramadas junto a sus arduos e hirientes recuerdos. Siento como las olas intentan derrumbarme, y lentamente cumplen su objetivo.

Debajo de ellas es como si nada pudiese detenerme, debajo de ellas es como si fuese libre. Tras su inmensidad es como si el mundo no existiera, como si solo estuviésemos ella y yo. Frente a frente, sin que nadie pudiese separarnos. Pero ambas sabemos que no es verdad, sabemos que cuando mi cuerpo no aguante más, todo habrá acabado para mí.

Respiro el etéreo aire mientras mis ojos lloran lágrimas saladas. Lentamente me acerco a la orilla. Noto como la arena recorre mis pies suavemente. Se acerca y aleja produciéndome un reconfortante cosquilleo por todo mi cuerpo.


El sol se ha ocultado dando lugar a la pequeña y delicada luna sobre el oscuro cielo adornado de brillantes estrellas. Una a una iluminan mi cuerpo tumbado sobre las ásperas rocas. El profundo silencio me adormece. La dulce y calmante melodía del mar me acuna lentamente entre sus brazos haciéndome olvidar todos mis problemas y preocupaciones. Porque ella es mi fiel aliada.

jueves, 5 de septiembre de 2013

Apatía.


Los ojos pesan, quieren cerrarse pero no saben cómo y no saben si volverán a abrirse, tienen miedo. A la oscuridad, al silencio y a las lágrimas.

Están asustados porque no saben que van a encontrarse ahí fuera.

Todo mi cuerpo se halla exhausto, frío,  a la espera… de encontrar algo por lo que vivir, algo por lo que volver a la realidad.

No hay nada ni nadie ahí fuera que pueda llenar el vacío que habita en mí. Mis ojos se han vuelto más mediocres, ahora carecen de brillo, solo marrón frente al espejo, sin ganas, sin luz… sin nada.

¿Qué estás haciendo? ¿Es que no te cansas de sonreír y aparentar qué todo va bien?

No estás bien, algo no funciona dentro de ti, algo está roto y en lugar de intentar arreglarlo estás apartando la mirada. Pensaba que eras valiente, decidida…fuerte. Pero he vuelto a equivocarme, nunca debí confiar en ti.

La sonrisa ha desaparecido y no estoy preparada para vivir sin ella, la necesito ¿Por qué nada parece animarme? ¿Por qué todo me es tan indiferente?

                                                           Apatía.

La vida duele y las cicatrices nos recuerdan el dolor, a veces me pregunto si el dolor podría mantenerme viva, si nuevas cicatrices sobre otras ya oxidadas traerían una nueva vida.

Cierra los ojos, y confía, confía en que todo saldrá bien, mira al miedo de frente y dile que no te importa, que no te asusta.

No puedes rendirte, debes seguir luchando. En algún momento esta sensación de abandono huirá de tu vida para no volver jamás, y no por ello has de parar o retroceder hasta que esta decida irse. No dejes que controle tu vida.


Solo tú eres dueño de ella, no dejes que te la arrebaten. La vida es el mayor regalo que la Naturaleza nos ha otorgado, agradezcámoselo disfrutando de ella. 

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Luces de Neón.



Las luces de los rascacielos
Perdiéndose entre los cielos
Volando, buscando un Dios
que apacigüe el dolor de aquellos
quienes están sumidos en el Caos.


No seáis ilusos
No hay ningún Dios
Dispuesto a ayudaros.


Solo demonios aullando
por nuestros recuerdos, luchando.


Con las garras extendidas, unidos
ante nuestra caída, preparados.


Listos para rasgar nuestro interior
en busca de algo demoledor
 que pueda arrancarnos el corazón
sin el más mínimo desazón.


Voces inteligibles a altas horas de la madrugada,
en algún recóndito lugar de esta ciudad encantada,
perdida ante la inmensidad de las estrellas doradas
acurrucada entre cajas desechadas
en un callejón como su laberinto, sin salida.


Quiragra decolorando la sangre de sus brazos
esperándole, aguardando ser otra vez amados
ocultados por la Oscuridad
de la poderosa gran ciudad.


Testiga anónima de sus amor marchito
roto por palabras baladíes
y las murallas inexorables
 que buscaban alcanzar el infinito.


Destruida por desamor
y cosida a jirones
intentando dar el color
a sus viejas pasiones.


Echó a andar por las calles de la ciudad
 en busca de la codiciada verdad
 cómo y cuándo se pregunta
sabe que no habrá respuesta.


Más no se rinde ni desespera,
su marcha no se desacelera.


Aunque no sepa lo acontecido
el camino ha de ser recorrido
aun siendo angosto y sinuoso
el futuro está allí, escondido.

Las sombras querrán privarte de tu libertad
con la vil excusa de aclarar la realidad.


No son más que miedos escapados
de nuestras vidas apoderados.


Sus intenciones no han de cegarte,
ni han de recluirte en tu baluarte.


Las lágrimas que derrames han de ser de alegría
durante el resto de nuestros días, vida mía.


Deja de esconderte en el desgastado rincón
de tu mísera y recóndita habitación.


Hora de levantarse y alzar el vuelo
sobre los decrépitos cirüelos
que adornan el valle sumido en hielo.


Las alas abre para los cïelos surcar
pintadas de astros, desordenadas por la mar
al dulce volateo huyendo de cadenas
que no te han sabido amarrar, has de escapar.


Yaces lejos ahora, en otro lugar
buscando, la paz que no te supe dar.


Lamento haberte dejado ir,
nunca más te oiré reír.


Ni tú, ni tus besos en la Oscuridad
de esta, nuestra curïosa cïudad.


Las luces de los rascacielos,
perdiéndose entre los cielos
junto a los besos olvidados

que no serán recordados.

martes, 3 de septiembre de 2013

Dudas.


Puede que no estemos preparados, que todo esto nos venga demasiado grande, sentimientos demasiados fuertes para personas que nunca han sentido el amor de otra.

Un juego al que ninguno de los dos sabemos jugar, una lanzada de dados que puede arrebatarnos todo si no somos capaces de poner las cartas sobre la mesa y mostrar el as que guardamos bajo la manga.

¿Y si nunca debimos comenzar el juego? ¿Y si nunca debimos creer que nuestros sueños se harían realidad? ¿Y si nunca…deberíamos…habernos permitido… querernos el uno al otro?

Postergación de la verdad, mi única evasiva de la realidad. Permitir que las horas corran hasta detenerse en seco sobre el borde del abismo… O saltas o te vuelves. Ya no hay salida, es el momento… tú decides, él decide .Decidid.

Baraja las cartas chico, siempre lo has hecho mejor que yo, las mías suelen acabar bajo la mesa, perdidas, pisadas… Sucias. En cambio tú, con tus ágiles manos eres capaz de darles vida, de hacerlas volar, haces que parezca tan fácil…

Reparte y que comience la partida. Antes yo estaba a tu lado, aprendiendo, tus cartas eran las mías, tú sabías lo que hacías, yo solo observaba, quizás como hago ahora en el canto del precipicio.

Una jugada maestra, unas cartas perfectamente alineadas, dispuestas a ser expuestas ante todos, no como yo.

Me rozas, delicadamente, sutilmente, indicándome que lance un par de fichas sobre el tapete. “Vamos” Creí haberlo entendido entonces, pero creo que estaba equivocada, creí que aunque tú controlases el juego yo manejaba la parte más importante de este, que yo jugaba con el fuego mientras tú lo controlabas para que no me quemase.

Ahora sé que no es así, ardía en el fuego incontrolablemente, sin manejar nada.

Yo quise jugar y tú lo permitiste, sabías que era buena y que podrías perder, por eso no me dejaste marchar, deseabas que me mantuviese a tu lado. Pero esto no funciona así, me enseñaste lo esencial y ahora es necesario situarme frente a ti, con mis ojos sobre los tuyos, preparada para comenzar la partida.

El miedo a flor de piel, derritiéndome junto al sol, con las cartas en mis manos, delineando las figuras con mis lastimados dedos. Las observo y pienso, preparo la jugada. Sin embargo tú decides deshacerte de ellas, no te sirven.

¿Harás igual conmigo?

Solo se oyen nuestras respiraciones, tensas, profundas, agonizantes… Nuestros ojos se buscan, intentado averiguar algún indicio que nos permita obtener la victoria.

“Voy” mi voz es alta, concisa, convincente… como si estuviese segura de mí misma, más realmente mi corazón se ha encogido y solo deseo acurrucarme tras las sábanas.

He comenzado un juego que no sé si ganaré, pero al menos lo habré intentado y aunque no haya mostrado mis cartas, sabes que tengo, sabes que lo usaré de una vez, todo o nada.

Quiero ganar, y tú… tienes miedo, ha derrotarme y  destrozarme, o a perder y no ser auxiliado.
Si vences no me romperé, te lo prometo. Soy fuerte, no me caeré, y si así fuese sé que tú estarás ahí, para levantarme y besar mis heridas.

Si venzo… no temas. Juntos seguiremos adelante, coge mi mano y caminemos hacia delante.

Pero ambos sabemos que el problema no reside ni en el triunfo ni en el fracaso, sino en ese pequeño abismo que reside entre ellos. La rendición.

Yo no voy a rendirme, quiero luchar por construir mis sueños en un terreno firme y consistente donde una ráfaga de aire, una tormenta… no pueda derribarlos.
¿Y tú? No lo sé, confío en ti, sé que me quieres, quiero creer que me quieres. Pero no veo que luches, que intentes seguir hacia adelante junto a mí.

A lo mejor este juego te da igual y solo acudiste porque te llamaron, porque reclamaron tu presencia y ante todo una respuesta.
A lo mejor te equivocaste y ahora no sabes cómo retroceder, al menos no sin romperme en pedazos.

Coloco un par de fichas sobre la mesa, me la juego. Tú controlas y sabes de sobra que voy de farol, que no tengo el suficiente valor de mostrar mis cartas, mis sentimientos. Y sin embargo asientes y me acompañas, no vas a rendirte tan fácilmente. O quizás tú también vayas de farol y los dos estemos jugando sobre un denso nublo, que en cualquier momento desaparecerá para dejarnos caer.

Es la hora de la verdad, el momento de poner las cartas sobre la mesa o de darlo todo por acabado. Recojamos las cartas y guardemos las fichas en su caja, o podemos ser valientes y mostrar nuestra jugada, nuestras intenciones. Entonces ya no habrá vuelta atrás.

Empero si nos mantenemos estáticos, paralizados, lanzando más fichas, carentes del suficiente valor para parar el juego y sentenciar el final de nuestra historia, las dudas continuarán incrementándose, y no sé tú, pero yo ya no puedo más.

Las lágrimas sin derramar están quemando por dentro, los sentimientos atrapados en mi corazón están agujereando mis esperanzas y mis demonios de nuevo están haciendo de las suyas en mi enfermiza mente. ¡Páralos! ¡Para todo y déjame marchar!

Seguiré aquí, sentada al filo del acantilado, esperando. Esperando la llegada del coraje, del valor suficiente para disipar las dudas.


Dudas manchadas de tinta.

domingo, 1 de septiembre de 2013

Papel amarillo.


El no poder disfrutar, no ver nunca el lado bueno de las cosas, frustrarte por aquello que la sociedad considera insignificante, pero que para mí no lo es. Es mi vida, siempre me he dedicado a ello, es por lo que vivo, ser la mejor, eso es lo que pido. 

Me esfuerzo, trabajo, sacrifico mi diversión, esa etapa de la vida llamada adolescencia que se supone que es para divertirse y experimentar experiencias nuevas, para mí no lo es. Es una etapa en la que dar lo máximo de mí, rendir hasta desfallecer. ¿Para qué? Por ese papel amarillento. 

Porque muchos dicen que la educación de hoy en día no sirve, bien es cierto, hay que experimentarla, adquirir todo de ella, porque será la que te abra las puertas del cambio, porque sin ese papel amarillento no eres nada. Es así como funciona el mundo, no debería, pero no nos engañemos la realidad es esta. Y pienso que para cambiarla hay que poseer ese papel amarillo, que es capaz de abrirte todas las puertas inimaginables.

 Y una vez hayas traspasado todas las puertas, hay que coger el papel amarillo y transformarlo, darle forma, color, gracilidad y una verdadera utilidad. Pero para alcanzar un fin hay que utilizar todos los medios de nuestro alrededor, y ese es el medio que hoy en día poseemos. 

Más hemos de tener cuidado, cuidado de no dar un traspié por el camino o errar en nuestros pasos. Tenemos que llegar a la meta con la mente y el alma puras, nobles.  Sino de nada habrá servido el papel amarillo. Y una vez allí el mundo será nuestro,y podremos cambiarlo, ayudar a los demás, una vida digna y justa, crear jóvenes que sean capaces de pensar por si mismos y no clones de segunda mano. Pero no podremos llevarlo a cabo sin el papel amarillo.

                                                        ¡Yo lo quiero! 

Y parece que nadie lo entiende, sé que existen otros aspectos importantes en nuestras vidas, la familia, los amigos, el amor… Pero el papel amarillo es más fuerte, lo necesito, quiero tocarlo, poseerlo. Quizás eso no me haga libre y me corrompa y entonces todos mis ideales desaparecerán y todo mi mundo no tendrá sentido.